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Ira, ¿conoces la otra cara de esta emoción?

La ira esconde mucho más de lo que puede parecer. ¿Te gustaría descubrir todo lo que hay detrás de esta emoción? Te animo a ello a través de este artículo.

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la emocion de la Ira

ÍNDICE

¿Qué es la emoción de la ira?

La ira, es una emoción como cualquier otra (tristeza, alegría, miedo…) sin embargo, siempre es la gran olvidada. Pocas veces se hace mención a ella, siempre se trata de esconder y quienes en algún momento la manifestamos nos convierten automáticamente en grandes estigmatizados. 

Sin embargo, ya decía Aristóteles en su momento: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”. Y es que la ira es una emoción tan adaptativa como cualquier otra. Y como en el caso del resto de emociones, el problema viene cuando no sabemos en qué momento resulta más adecuado de expresar o exteriorizar y se convierte en la única guía de nuestro comportamiento.

la emocion de la Ira

¿Por qué aparece la emoción de la ira?

La ira tiene una función de supervivencia, su objetivo es “eliminar” aquellas situaciones que le parecen amenazantes. Por ello se vive con tal grado de intensidad, ya que se necesita una gran cantidad de energía para movilizar toda nuestra atención a un objetivo y actuar en base a ello. 

Pero no siempre resulta tan adaptativa como esperamos, ya que en función del contexto sociocultural y de nuestra propia historia de aprendizaje, vamos a identificar unas situaciones como amenazantes, que posiblemente otra persona no vea así. 

A nivel personal, podemos encontrarnos en un momento en el que sentimos que de repente nos enfadamos con demasiada frecuencia. En que una gran gama de situaciones se convierten en el desencadenante de nuestro enfado. Sentimos que nuestro umbral a la hora de identificar situaciones como “amenazadoras” es más bajo, por lo que empezamos a percibir más situaciones como evocadoras de ira. Comenzamos a sentir que estamos en un estado constante de irritación. Y ahí es cuando aparecen los problemas de ira. 

¿Qué esconde la ira?

En realidad, la ira, en muchas ocasiones aparece para encubrir otras emociones, como puede ser la tristeza y el miedo. Cuando aparece una situación que nos genera estas emociones, a veces tendemos a responder ante ellas de una manera agresiva, utilizando la ira como un mecanismo de defensa por muchos motivos, uno de ellos, para evitar vernos desde una perspectiva de “vulnerabilidad”. A nivel social, muchas culturas nos educan desde el “llorar es de débiles”, “no estés triste”, “que miedica”… Describiendo tanto la tristeza como el miedo con connotaciones negativas, como si fuesen emociones que nos dan una imagen de “personas débiles”. 

Por otro lado, en muchas culturas y contextos socioculturales ser una persona agresiva es premiado, el contexto asume que aquellas personas que responden desde la ira son fuertes, seguros de sí mismo, líderes… Como ocurre en los videojuegos, sin embargo, esto no es un juego. 

La ira en muchas ocasiones, no es más que un “escudo”, un “refugio”. Y es que detrás de toda persona enfadada, no se esconde más que un niño interior herido, con mucho miedo de expresar dos de sus emociones básicas: el miedo y la tristeza. Con miedo a sentirse rechazado, triste porque cree tener motivos para que le rechacen. 

En estos casos, la ira aparece con el objetivo de “proteger” a ese niño interior. Sin embargo, aquí entramos en una paradoja: “Si cada vez que me siento triste o con miedo, me voy corriendo a lo alto de mi torre, lleno el foso de esa torre con cocodrilos y me encierro yo solo. Lo único que encuentro es tristeza, soledad y me convenzo aún más de que por mí mismo, no puedo gestionar esa situación, si no es por medio de la rabia”. Pero eso es un engaño, no es más que una tapadera, para no enfrentar esa tristeza y ese miedo. Pero ambos forman parte de la vida. 

Después de leer esto quiero que te plantees una pregunta: “¿Tú también te escondes en lo alto de esa torre?”. 

En varias ocasiones encontramos que cuando nos relacionamos con el mundo desde la rabia, lo hacemos cubiertos de un yelmo muy pesado. Con este yelmo volvemos a querer dar esa imagen de seguridad, de ser inquebrantables.

Pero si ahondamos un poco más en nuestro interior, como personas que a veces nos enfadamos, lo que encontramos es un gran tesoro. Pero para nosotros, ese gran tesoro es muy sensible, hay que tener mucho cuidado para que no se rompa, por lo que nos vemos obligados a caminar día y noche con ese pesado yelmo, que parece que protege bien, pero no transpira, sigue quedando ahí dentro ese miedo de ser dañados, esa tristeza por creer que no podemos actuar como verdaderamente deseamos. Y ahí encontramos ese sufrimiento.  

¿Tú también te sientes cansado de caminar siempre con ese yelmo?

La ira en las redes sociales: “Haters”

Como decíamos antes, la ira está a la orden del día en muchas culturas y contextos socioculturales, un ejemplo con el que nos relacionamos o vemos diariamente es a través de las redes sociales, con los llamados “haters”. 

Los haters son personas que a través de las redes sociales (Instagram, Twitter, Tiktok, Facebook, etc.) emiten comentarios negativos hacia otras personas, creadores de contenidos o marcas, con el objetivo de criticar, difamar, ofender a otros… En este caso, supone una expresión de la ira desde la “seguridad” de estar detrás de una pantalla. 

Este “hate”, no aparece únicamente a través de las redes sociales más típicas. También se incluyen aquí a aquellas personas con las que hablas diariamente a través de WhatsApp u otros chats, que son amigos con los que sueles quedar o tienes una relación más cercana, pero que a pesar de esa cercanía y confianza, recurren a estos medios para expresar una situación que les ha generado una emoción que le resulta difícil de gestionar y recurren a la rabia, para poder procesarla y a la “seguridad” de estar detrás de una pantalla. 

Estas situaciones, usualmente vienen desencadenadas por un sesgo cognitivo, el cual es un error repetitivo al pensar, recordar y evaluar las situaciones, característico del pensamiento de muchas personas, por ejemplo, de las que suelen estar frecuentemente enfadadas. Este modo de pensamiento se caracteriza por una evaluación generalizada y global de la situación o de la persona, en la que se tienden a utilizar adjetivos negativos “Eres un falso”, “No se puede confiar en ti”.

También podemos encontrar otras expresiones groseras “Es un gilipollas”, “Eres una guarra” e incluso amenazas “Te voy a partir la boca”, “Ya vendrás llorando”, etc. Este modo de pensamiento es como un tsunami, que se lleva por delante todo a excepción de aquello que hemos percibido como amenazante. Dejando relegado a un segundo plano la posibilidad de actuar desde el entendimiento y el diálogo, y marcando como vía principal el defenderse ante una situación que realmente no ha sido amenazante. 

Para las personas que sufren de problemas de ira, es muy frustrante, ya que partimos usualmente de un pensamiento original, que a veces es difícil de identificar, de desconfianza en nosotros mismos. Y cuando se produce una situación donde nos sentimos amenazados, solemos actuar con más facilidad, con una explosión de rabia. Esto suele suponer la aparición de ciertas consecuencias como: el distanciamiento entre amistades, la reducción del círculo social, el bloqueo en redes sociales, la exposición pública, etc. Lo cual, nuevamente vuelve a conectar con ese pensamiento original de desconfianza hacia nosotros mismos. 

En definitiva…

Es normal enfadarse. La ira no es más que una emoción como cualquier otra, que tiene una gran utilidad, nos sirve para defendernos y marcharnos de aquellas situaciones desagradables para nosotros y que no nos hacen ningún bien. 

Enfadarse constantemente y actuar principalmente desde la ira, no quiere decir que seas un “enfadica”. Quiere decir muchas otras cosas, como que eres una persona que no se siente cómoda sintiendo tristeza y miedo, que posiblemente a través de tu aprendizaje has aprendido a actuar desde la ira, que tu cabeza a veces te la juega pensando mal de las otras personas, que has aprendido a actuar desde la crítica y el reproche cuando posiblemente lo que quieres decir es “necesito un abrazo”, “te echo de menos”… Y lo más importante de todo, que ocultas cosas realmente asombrosas en tu interior, pero tienes mucho miedo de mostrarlo al mundo. 

Desde aquí te animo a quitarte ese yelmo y a dejar de subirte a esa torre y a empezar a conectar y actuar desde tus otras emociones, para que puedas volver a sentirte tú y no un títere de la ira. 

FUENTES:

Sevilla, J. ;. (2016). Domando al dragón: terapia cognitivo-conductual para el enfado patológico (1a ed.). Alianza Editorial.

Alberca, F. (2017). Cómo entrenar a su dragón interior: Aprende a gestionar las emociones de tu hijo (Fuera de Colección). Ediciones Martínez Roca.

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