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Terapia de trauma y apego: ¿qué es?

Las terapias basadas en trauma y apego crean un espacio seguro para poder abordar vivencias dolorosas del presente o pasado y así descubrir una nueva forma de estar, pensar y sentir el mundo.

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Trauma

ÍNDICE

¿Qué es un trauma?

Aunque puede haber muchas definiciones, Bessel Van der KoK (psiquiatra, fundador del Centro de Trauma de Brookline, en Massachussetts), define trauma como una experiencia que sobrepasa los mecanismos y recursos de supervivencia de una persona, así como sus facultades para reaccionar ante lo que le sucede.

Así, el trauma puede definirse como una experiencia que se siente como una amenaza para la propia integridad física y psicológica, o para la de otras personas. Esto puede acabar generando huellas emocionales relacionadas con el evento traumático, y que la memoria guarda a veces de manera fragmentada en forma de imágenes, olores, sonidos o sensaciones en el cuerpo, entre otras.

Ante su vivencia, el cerebro cambia a distintos niveles para reajustarse, de manera que el sistema nervioso se pone en estado de alerta para hacer frente al peligro al que se ve sometido. Esto genera que muchas personas, a modo de supervivencia, se disocian o desconectan del cuerpo y de sus sensaciones cuando están experimentando este estado, para protegerse de lo que están viviendo, por lo que quizá luego no recuerden parte de esas experiencias.

A la hora de hablar del ello, es importante tener en cuenta que no es necesario que nos suceda algo terriblemente fuerte o impactante (por ejemplo, un atentado, un abuso o un accidente) para que algo nos deje una huella a nivel emocional. En este sentido, hay muchas personas con trauma que no siempre experimentan graves síntomas en el día a día, como por ejemplo, flashbacks o pérdidas de memoria y sin embargo, el trauma que han sufrido ha condicionado o condiciona su sistema nervioso hasta el punto de no ser conscientes de haberlo experimentado.

¿Cómo se relacionan el trauma y el apego?

La relación entre estos conceptos es fundamental, ya que influirá por ejemplo en nuestra capacidad de regulación emocional y en la calidad de los vínculos que podremos establecer con otras personas. Pero, ¿qué es el apego? El apego tiene que ver con la capacidad innata que disponemos las personas de generar vínculos con otros seres humanos y que vamos desarrollando durante los primeros años de vida con los adultos de referencia en nuestro cuidado.

La función del apego es asegurar que se cubren las necesidades básicas del niño a través del cuidado, el desarrollo psicológico y emocional y la formación de la personalidad. Según cómo hayas vivido esas relaciones sociales tempranas, irás desarrollando un estilo de apego determinado que condicionará el modo en el que conectarás con sentimientos de seguridad en momentos de vulnerabilidad, y/o ante emociones difíciles.

Por ejemplo, si has experimentado de pequeñito el sentirte protegido, consolado o apoyado, tendrás recursos en tu repertorio para satisfacer esas necesidades. Pero en algunos casos, cuando en esas interacciones con las figuras de cuidado no se obtuvo esa seguridad, y en su lugar se activaron sentimientos de amenaza, este tipo de situaciones pueden activar un estado de alerta que derive en síntomas de ansiedad y/o afectivos.

En definitiva, en todas aquellas situaciones en las que no se han cubierto parte de las necesidades básicas en los niños por sus figuras de cuidado, y ha faltado sensación de seguridad y protección en momentos clave de la infancia, se observará una consecuencia en el modo en que uno experimentará las vivencias de la adultez.

¿Cuántos tipos de trauma existen?

En general, los terapeutas que trabajamos con este tipo de patología, diferenciamos entre dos tipos principales:

  • Trauma simple: es la vivencia de un hecho puntual que nos produce en ese momento una emoción o sensación desagradable que nos genera malestar en ese momento, o en situaciones posteriores. Podemos mencionar dentro de este tipo: accidentes, robos, fallecimiento de seres queridos… 
  • Trauma complejo: son aquellos que se viven y repiten durante un período prolongado de tiempo. En este tipo encajarían muchas situaciones vividas en la infancia como: violencia familiar, abusos, maltrato…

Con respecto al trauma complejo, es importante decir que en este tipo se podría encuadrar el denominado “trauma de apego”, caracterizado porque el daño viene provocado por otro ser humano y donde, fundamentalmente, faltaron los cuidados básicos durante la infancia. Este tipo es uno de los más “delicados” de trabajar ya que, cuando las personas que te hicieron daño son las personas con las cuales tienes un vínculo, de las cuales depende tu seguridad y estabilidad, por lo que su impacto tiene un profundo efecto a múltiples niveles, tanto en la forma en la que puedes asumir la intimidad como en la relación con otros vínculos afectivos.

¿Cómo afecta en la vida cotidiana?

La persona que conviva con este tipo de experiencias, puede ver afectada su vida cotidiana a diferentes niveles, como puede ser a nivel cognitivo (afectando a sus pensamientos), emocional o a nivel corporal, afectando también a nuestras sensaciones físicas. Por ejemplo, puede sentirse atemorizada o en estado de alerta durante el día a día, o sentir la necesidad de controlar todo lo que sucede a su alrededor, porque no puede gestionar el hecho de sentirse indefensa ante los demás. Como es lógico, todo esto afectará a sus relaciones con otras personas, especialmente en sus reacciones emocionales.

Sin embargo, hay otras personas que pueden haberlo experimentado y no ser conscientes de ello, o no darle la importancia suficiente. Por eso a veces, personas que han vivido una situación muy dura, dicen frases como: “No tuvo importancia, esto no ha tenido ningún impacto sobre mí…”. La negación, muchas veces, forma parte de un mecanismo de defensa propio del trauma.

¿En qué se basa la terapia de trauma y apego?

A la hora de iniciar la terapia de trauma y apego, se hace un abordaje integral en el que se exploran las vivencias significativas en la historia de cada persona, detectando las carencias o recuerdos traumáticos que han podido influir en el estilo de apego, en las estrategias de afrontamiento y en los modos de regulación emocional de cada uno. Para ello, se utilizan diversos procedimientos como la terapia narrativa, la terapia EMDR o la terapia sensoriomotriz, entre otras, en función del objetivo que tengamos en cada etapa del proceso terapéutico.

En este tipo de terapia no solo es importante la parte hablada, donde te ayudamos a reescribir, procesar y superar ciertos recuerdos dolorosos del pasado, sino que también es muy importante aprender a regular las emociones, desarrollar y fomentar el autocuidado, e identificar y potenciar recursos que ayuden en el día a día. Para esto, también prestamos especial atención al cuerpo y a las “huellas somáticas” que a veces se quedan en el mismo, como puede ser la desconexión corporal (para no sentir el miedo constante) o el estado de tensión constante.

Por esto, para tratar estas situaciones, se va creando un espacio seguro para ayudar a las personas a que sientan que recuperan el control de su cuerpo, sus reacciones y así se puedan ir experimentando nuevas sensaciones y vivencias agradables.

En definitiva, cuando experimentamos un trauma de apego o de otro tipo, aprendemos a “sobrevivir” porque no nos ha quedado otra opción en ese momento. Pero es importante entender que podemos aprender a construir caminos diferentes, más sanos y plenos.

Si este es tu caso, puedes contactar con nosotros. ¡Estaremos encantados de ayudarte!

FUENTES:

  • Aguilar, D. P. M. (2018). Desafíos en psicoterapia: trauma complejo, apego y disociación. Avances En Psicología, 26(2), 135-144.
  • Schore, A. N (2001). The effects of early relational trauma on right brain development, affect regulation and infant mental health. Infant mental health journal, 22(1-2), 201-269.

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