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Qué es un TCA: la contradicción de una patología normalizada

El esfuerzo por alcanzar el “cuerpo ideal”, genera pensamientos y conductas que se asimilan como “saludables”. Descubre qué es un TCA y qué relación tiene con la cultura y la sociedad.

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ÍNDICE

¿Qué es un TCA?

Puede que no sepamos contestar a la pregunta ¿qué es un TCA? (aún), pero estoy segura de que, antes siquiera de empezar, ya conocemos muchos comportamientos propios de estos trastornos. De hecho, convivimos con ellos e, incluso, puede que estemos llevando a cabo más de uno en nuestra vida cotidiana sin saberlo.

Los TCA o Trastornos de la Conducta Alimentaria, son un grupo de enfermedades mentales caracterizadas por comportamientos alterados frente a la ingesta de alimentos y a la relación con el propio cuerpo (DSM-5, 2014). Sólo en España se calcula que afecta a unas 400.000 personas. 

La anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa son los TCA más conocidos, pero también existen otros, como el trastorno por atracón, el trastorno de la conducta alimentaria no especificado (p.e. cuadros incompletos de anorexia o bulimia), la ortorexia (obsesión por la comida sana) y la vigorexia (obsesión por el ejercicio físico).

Son uno de los grupos de trastornos más peligrosos, porque provocan consecuencias graves para la salud tanto física como mental de la persona. Algunas de las complicaciones médicas más frecuentes son: pérdida de grasa corporal y de masa muscular, arritmias, hipotensión, dolor abdominal, estreñimiento, amenorrea, acné, erosión gástrica, disfunción intestinal, erosión del esmalte dental, caries, caída de dientes, fatiga y debilidad… 

El origen de estos trastornos es multifactorial, es decir, aparecen como consecuencia del sumatorio de factores biológicos, psicológicos, familiares y socioculturales. Precisamente este último, la cultura y la sociedad, es un aspecto que va a tener mucho peso en la aparición y mantenimiento de estos trastornos. 

La cultura de la dieta es un sistema de creencias que prioriza los cuerpos delgados por encima de cualquier otro tipo de cuerpo. Discrimina los cuerpos gordos o no normativos, haciéndonos creer que son cuerpos inferiores o directamente que no sirven.

Es efectivamente una cultura en la que estamos inmersos, y de la cual es difícil salir, ya que nos rodea por doquier. Se refuerza en el sistema de salud, publicidad, redes sociales, medios de comunicación, en conversaciones familiares… 

La búsqueda constante del “cuerpo perfecto”, ejerce una presión y frustración constantes pueden favorecer la aparición de conductas desadaptativas como: atracones, vómitos, restringir alimentos, ejercicio físico como forma de compensar las ingestas de alimentos… En definitiva, comportamientos propios de los trastornos de la conducta alimentaria.

Factores de riesgo que favorecen la aparición del TCA

A continuación, mostramos algunos factores que, está demostrado, facilitan tanto la aparición de un TCA como el mantenimiento del mismo. La importancia de conocer las variables que influyen en el surgimiento de este problema, es identificarlas a tiempo que sea posible su prevención. 

Factores psicológicos

  • Ansiedad (social, generalizada, etc.).
  • Depresión.
  • Perfeccionismo.
  • Dificultad para regular las emociones.
  • Imagen corporal vivida de forma insatisfactoria. 
  • Comportamientos obsesivos y compulsivos normalizados.
  • Estilos de pensamientos rígidos (sólo hay una manera correcta de hacer las cosas, etc.).

Factores sociales y culturales

  • En la cultura existe un “ideal de la delgadez” (cultura de la dieta).
  • Prejuicios sobre peso y tamaño (gordofobia).
  • Normalización de las dietas.
  • Idea de que los cuerpos ideales solo incluyen ciertas formas y tamaños.
  • Familia exigente con notable preocupación por el peso y la forma física (normalizado comentarios sobre el cuerpo en casa, etc.).

Factores biológicos

  • Miembro cercano de la familia presenta un TCA.
  • Casos en la familia de depresión, ansiedad y/o adicción.
  • Historia personal de depresión, ansiedad y/o adicción.
  • Presencia de alergias o intolerancias que contribuyen a hábitos alimentarios restrictivos (como enfermedad celíaca).

Deconstruyendo conductas propias del TCA normalizadas

A continuación vamos a hacer un recorrido por distintas afirmaciones que se han convertido en “válidas” y aceptadas por la sociedad y por nosotros mismos. Permitámonos reflexionar sobre el mensaje que le mandamos a nuestro cuerpo cuando las aceptamos y llevamos a cabo:

  • “La cena hay que ganársela”

Mito: la comida es un premio, y por tanto, sólo podemos comer cierto tipo de alimentos o cantidad de comida si antes, por ejemplo, hemos hecho ejercicio suficiente. 

Realidad: la comida no es ningún premio que sólo merezcamos si “hemos hecho el ejercicio suficiente”. Merecemos comer por el simple hecho de existir. Las cenas no tienen porqué ser “ligeras” si la comida ha sido más “pesada”, ni viceversa. 

  • “En enero gym a tope, para bajar los polvorones”

Mito: el ejercicio debe usarse para compensar las comidas que se hagan, a más comamos, más debemos ejercitarnos. Si esto no ocurre, debemos sentirnos fracasados, porque no hemos “compensado” los alimentos. 

Realidad: cuando hacemos deporte, necesitamos comer más porque conlleva un gasto extra para nuestro organismo. Aunque no hagamos deporte, tenemos que comer suficiente: nuestro cuerpo lo necesita. No hay que comer menos cuando no se hace deporte, si no, comer más cuando se hace, para que no suponga un riesgo para nuestra salud.

  • “He cogido 5 kilos así que tengo que perder peso como sea”

Mito: el deporte es un medio para conseguir un fin y éste es adelgazar. No importa que hagamos una actividad que no nos guste, nos cueste mucho o nos produzca en sí malestar, mientras nos haga adelgazar rápido, debemos obligarnos a hacerla. 

Realidad: la práctica de la actividad física es recomendable siempre que su utilización no sea con objetivos que empeoren o pongan en riesgo nuestro estado físico y psicológico. 

  • “Yo no puedo comer eso, me estoy cuidando”

Mito: hay alimentos que directamente deben ser prohibidos. No debemos comerlos ni en situaciones cotidianas ni especiales, y hacerlo denota nuestra falta de voluntad. Las personas que comen esos alimentos son más débiles. 

Realidad: cuidarse no debe implicar restringirse. El autocuidado y la verdadera voluntad fuerte puede ser precisamente comer esos alimentos que llevan tiempo atormentandote para que dejen de hacerlo. 

  • “Qué guapa estás, ¿has adelgazado no?”

Mito: ser delgada como sinónimo de belleza. No importa si lo que ha provocado esa delgadez es un TCA, una depresión severa, una enfermedad física… 

Realidad: no sabemos lo que hay detrás de esa pérdida de peso, pero lo reforzamos porque cualquier cosa es válida con tal de adelgazar. Aceptamos incluso el sufrimiento como un vehículo para lograrlo. Tomemos conciencia de que estamos felicitando a alguien por el hecho de sufrir.

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Tratando y previniendo el TCA

Partiremos de la base de interpretar al TCA no como un problema con la comida, sino un problema que se refleja en la comida. Todas las emociones negativas y las inseguridades provocadas por factores anteriormente mencionados, son los que originan la enfermedad.

La punta del iceberg de estos trastornos son las compensaciones, restricciones, complicaciones físicas… pero en la base, en su origen, lo que encontramos es: miedo, culpa, impotencia, autocrítica, pánico al rechazo, ansiedad… entre otros. 

El tratamiento para abordar el TCA debe incluir tanto tratamiento psicológico como físico (médico, endocrino, nutricionista…), es decir, es necesaria la acción de un equipo multidisciplinar. El acceso a ambos servicios es imprescindible no sólo para tratar a personas que padezcan un TCA, sino también para aquellas que sospechen estar iniciándolo o las que quieran prevenirlo. 

El trabajo, tanto para superar como para prevenir los trastornos alimentarios, no es sólo algo individual. Como hemos comprobado, muchas creencias que promueven y refuerzan la mala relación con nuestra alimentación y nuestro cuerpo, son culturales. Y la herramienta más potente que tenemos para desarraigarnos de esta cultura de la dieta es la información. Informarnos sobre todo lo que nos impide ver y apreciar de nuestro cuerpo, porque fomenta más bien que siempre queramos cambiarlo y “perfeccionarlo”.

Tomemos consciencia de todo en lo que afecta este sistema de creencias en nuestra vida:

  • Nos hace caer y normalizar estar contínuamente a dieta y seguir prácticas alimenticias concretas, como el consumo de productos para la pérdida de peso, los cuales pueden ser perjudiciales. 
  • Provoca el deseo constante de cambiar nuestro cuerpo
  • Afecta a nuestra autoestima ya que reduce nuestro valor a cuánto pesamos; y, en consecuencia, nos olvidamos de otros aspectos como nuestros valores y cualidades.
  • Asumimos que tener una apariencia delgada es lo adecuado y lo ideal. Y acabamos asociando otros valores a la delgadez como que las personas delgadas son más admiradas, escuchadas y tienen mayores oportunidades. 
  • Provoca que asumamos que alcanzar un “peso ideal” es cuestión de voluntad. Y esto se aleja mucho de la realidad, porque en el tamaño y la forma corporal están implicadas muchas variables que están fuera de nuestro control.  
  • Creemos que debemos ser delgados sea como sea. Ya sea comiendo alimentos “saludables”, pasando hambre o siendo exigentes con nuestras rutinas de ejercicio. 
  • Pensamos que el cuerpo debe permanecer estático a lo largo de nuestra vida. Por eso, se hace normal la idea de que una mujer debe recuperar su peso “normal” luego del embarazo; o que los cambios corporales por el envejecimiento u otros factores se deben evitar a toda costa, si no, es un descuido.

Pensemos que la cultura de la dieta se mantiene porque, detrás de ella, existe toda una industria multimillonaria que busca vendernos productos gracias a la insatisfacción que tenemos con nuestro cuerpo.

La industria propicia esa insatisfacción porque se lucra de ella, ya que los productos que promociona, nos prometen llevarnos a tener el peso “ideal” y por ende a sentirnos “bien”. En definitiva, se nutre de que siempre queramos mejorar y que nunca estemos lo suficientemente satisfechos o suficientemente cerca de esa “perfección” a la que se supone debemos llegar para ser felices

Iniciemos juntos el camino del amor propio, identificando cuáles de estas creencias reforzamos y llevamos a la práctica en nuestras vidas, y sustituyendo pensamientos y conductas nocivas por otras de más autocuidado. Combrensión es un espacio seguro en el que trabajar(te). 

Fuentes

Durán, MVC (2005). Factores socioculturales en los TCA. No sólo moda, medios de comunicación y publicidad. Trastornos de la conducta alimentaria , (2), 120-141.

Delgado, A. F., & Jáuregui-Lobera, I. (2016). Variables psicológicas y psicopatológicas asociadas a los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Journal of Negative and No Positive Results: JONNPR, 1(2), 71-80.

Asociación Americana de Psiquiatría. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5). 5ª Ed. Arlington, VA, Asociación Americana de Psiquiatría; (2014)

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