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Psiconutrición: ¿Cómo influyen las emociones en la alimentación (y viceversa)?

La psiconutrición nos muestra cómo se relacionan nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro vínculo con la comida. Conoce tus procesos para tu salud y bienestar

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ÍNDICE

La psiconutrición y el estrés 

La psiconutrición estudia la relación que existe entre los estados emocionales y el vínculo con la comida. Conocer estos procesos naturales, te ayudará a transitarlos y tomar las mejores decisiones: 

El estrés es un término que usamos mucho y que conocemos poco. Cualquier estímulo que provoque una reacción (en el cuerpo o en la mente) se puede llamar estresor, y la respuesta que realiza el cuerpo, es el estrés.

Existen miles de estresores y de formas de reaccionar ante los mismos. Por esto, partamos de la idea que no todos los cuerpos ni procesos serán iguales para todas las personas.


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Cuando se presenta algún estresor el cuerpo se pone en alerta, es como una pequeña alarma que te pone en guardia para prepararte por si llegaras a correr peligro. Piensa que la biología cambia mucho más lento que las sociedades. Antes, esos estresores podían ser tormentas, un predador que te acecha, una presa que podrías cazar, etc… Pero, nuestros cuerpos aún no entienden que los estresores de hoy cambiaron; hoy, quizás es un examen que debes dar, que la persona que te gusta te deje en visto, que discutas con tus padres, etc. Sin embargo, las reacciones del cuerpo siguen siendo las mismas.

Cuando el estresor entra en contacto con tu cuerpo o mente, lo primero que ocurrirá es una sensación de incomodidad, que activará al cuerpo para que libere hormonas de la alerta, como el cortisol y la adrenalina.

Estas hormonas, alertan al resto del cuerpo… Piensa si existiera un peligro inminente, ¿qué necesitarías para sobrevivir…? Claro, huir o pelear. Y tu cuerpo se preparará para eso,

Por esto, el aumento de cortisol acelera los latidos del corazón para llegue más oxígeno a tu cuerpo, te vuelves más sensible con tus sentidos, y se direcciona la sangre hacia las extremidades (para que puedas correr o pelear). Como consecuencia, también se pausan la digestión, la líbido y la secreción de flujos, como la menstruación. Y es que piensa, no creo que tengas muchas ganas de comer unas pastas o un chocolate si te está persiguiendo un puma, por ejemplo.

Todos estos cambios, y la pausa en la digestión, conllevan también a que la asimilación de los alimentos sea menos efectiva y no puedan aprovecharse de la misma manera los nutrientes, conllevando a posibles problemas de salud y de psiconutrición.


Y aquí llegamos a desbloquear el primer misterio. ¿Está mal que no tengas ganas de comer, no sientas líbido o tu regla se atrase si estás pasando por un momento de estrés? Técnicamente no.

¿Y si ocurre lo contrario? Si sientes que comes sin control, que tu líbido lo vives con ansiedad, que tu regla tenga más flujo o aumenten los dolores, etc; ya estamos hablando de un pequeño paso más adelante, una especie de “contrareacción”. Cuando pasa la primera alarma, comienzan a jugar otros procesos más complejos, relacionados a este vínculo entre el cuerpo, sus necesidades y las emociones, que llamamos psiconutrición. Aquí, tu cuerpo y tu mente comienzan a buscar protección, y pueden reaccionar buscando “llenarse de reservas” o buscar un distractor para que esos estresores no te causen daño.

No todas las personas son conscientes de que ocurren estos procesos y, te repito, cada persona puede actuar diferente. Pero esto tampoco significa que no puedas hacer nada al respecto, sigue hasta el final que te voy a dejar unos buenos consejos.

El eje intestino-cerebro

Ahora bien, ¿sabías que la forma de comer también puede alterar los estados emocionales…?

Quizás has leído que el intestino se considera “el segundo cerebro. Y es que existe una GRAN cantidad de terminaciones nerviosas en todo el aparato digestivo, aunque mayor en el intestino grueso. Además, los microorganismos de tu flora bacteriana o microbiota, producen sustancias que actúan sobre el sistema nervioso relajándolo o irritándolo. Entonces, de la salud digestiva también dependerán los estados emocionales.

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Existen alimentos que van a favorecer mucho la salud digestiva y otros que, en exceso, pueden alterar su ritmo o sus estructuras más deseadas. Así, podemos hablar de 2 grandes grupos, aunque estos también dependen de la tolerancia y momentos de cada persona:

  • Alimentos antiinflamatorios: Vegetales y frutas, cereales integrales y legumbres, setas, bebidas y alimentos fermentados, preparaciones naturales, huevos y carnes sin procesar, frutos secos y semillas, etc.
  • Alimentos proinflamatorios: Productos con leche, azúcar, harinas refinadas, ultraprocesados, frituras, refrescos gaseosos, bebidas alcohólicas, etc.

Si la base de tu alimentación son alimentos proinflamatorios, tu aparato digestivo podría irritarse y actuar como un estresor, desencadenando el mecanismo que ya hablamos. Además, tus defensas van a comenzar a sobreactuar, generando más inflamación y malestar, perpetuando el estrés.

Nuestra comida ¿es el reflejo de nuestra mente o de nuestra sociedad?

En este punto ya conocemos qué ocurre en tu cuerpo, pero por otro lado nos encontramos con una gran presión social hacia la desconexión con tus propios procesos individuales y el silenciamiento de tus sensaciones, acompañados a una visión hegemónica y superficial sobre las emociones, los cuerpos, los alimentos e, incluso, la salud y las vidas. Este es un tema muy largo, del que podemos hablar en otro artículo, pero reflexiona si tiendes a minimizar las sensaciones de tu cuerpo por miedo, vergüenza o sobreexigencias. Comenzar por aquí es un gran motor generador de cambios. 

Re-conectar

Como creemos en Combrensión, cada conflicto es una oportunidad y cada emoción es una herramienta, por tanto transitarlas sin negarlas (y pedir ayuda si lo necesitas), es la mejor forma para transformarte. Y, desde el servicio de psiconutrición, buscamos un abordaje integral e integrado de cada persona y proceso.

Hoy quiero dejarte algunos tips que los consideramos en nuestras consultas, y estamos seguras que pueden ayudarte en estos momentos:

  • Préstate atención, observa qué te ocurre, intentando separar entre lo que sientes emocionalmente, cómo se está sintiendo tu cuerpo y cómo estás relacionándote con tus alimentos. Cualquier sensación o pensamiento es válido, hazlo con calma.
  • Prueba tus alimentos en pequeñas tomas, masticando mucho, saboreando y conectando con tus sentidos. Puedes ayudarte con las prácticas de Mindfulness
  • Cada vez que sientas irritación o malestar, presta atención en cómo se encuentran tus intestinos, y cuáles fueron tus últimas comidas. ¿Reconoces puntos en común?
  • Busca actividades que te relajen. Hacer ejercicio, dormir, meditar, leer, estar con tus plantas o mascotas, o lo que te guste, puede ayudar a canalizar ese estrés, lo cual va a reducir el cortisol y activar los mecanismos contrarios (de relajación, reactivación de la digestión, etc.)
  • Si te cuesta gestionarlo, pide ayuda. En Combrensión contamos con un equipo de psicoterapia y Nutrición que puede acompañarte en tu proceso de bienestar.

FUENTES:

Barcia Briones, M. F., Pico Macías, L. A., Reyna Murillo, J. L., & Vélez Muñoz, D. Z. (2019). Las emociones y su impacto en la alimentación. Caribeña de Ciencias Sociales, (julio).

Gómez-Eguílaz, M., Ramón-Trapero, J. L., Pérez-Martínez, L., & Blanco, J. R. (2019). El eje microbiota-intestino-cerebro y sus grandes proyecciones. Rev Neurol, 68(3), 111-7.

Menéndez, I. (2007). Alimentación emocional. Debolsillo.

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