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La memoria somática y su relación con el Trauma

Prestar atención a nuestro cuerpo puede darnos mucha información acerca de cómo nos sentimos y acerca de cómo se encuentra nuestro mundo interno.

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ÍNDICE

¿Qué es la memoria somática?

Hablar de memoria somática es hablar de la memoria del cuerpo, ya que nuestro cuerpo almacena nuestra historia emocional, en la que se va entremezclando nuestro pasado y nuestro presente. Por eso, muchas veces, aunque no podamos narrar o explicar algo de forma consciente, ya que quizá no lo recordamos, sí que tenemos diferentes sensaciones corporales ante aquello que nos sucede. Por ejemplo, seguro que has vuelto a un recuerdo de tu infancia cuando has sentido un olor característico por la calle; o has recordado algo de tu adolescencia tras escuchar una canción en la radio.

Esto sucede porque la memoria sensitiva o memoria somática se almacena en una parte concreta del cerebro que se activa muy rápidamente ante ciertos disparadores externos aunque nosotros no seamos conscientes de ello.

Aunque hablaremos de ello más adelante, también puede existir activación de nuestro cuerpo ante eventos o recuerdos no tan agradables: por ejemplo, sentir un escalofrío si pasas por una zona de tu ciudad donde viviste un evento desagradable.

Tipos de memorias somáticas

En resumen, para entender bien qué es o cómo se forma la memoria somática, hay dos tipos de memorias que nos pueden ayudar a entender lo comentado:

Memoria explícita

Es el tipo de memoria al que habitualmente nos referimos cuando hablamos de este concepto. Contiene hechos, conceptos e ideas, por lo que es un tipo de memoria al que podemos acceder de forma consciente y relatar nuestros recuerdos mediante la narración. 

Memoria implícita

Es inconsciente y tiene que ver con procesos y estados internos, pues contiene información sensorial, emocional o conductas aprendidas (por ejemplo, montar en bici es un tipo de aprendizaje que se almacena en este tipo de memoria). 

Cuando hay historia de trauma existe mucha implicación de la memoria implícita, teniendo la persona a veces dificultades para acceder a recuerdos conscientes. 

Relación entre memoria somática y trauma

Las experiencias de trauma repercuten mucho a nivel somático y por tanto, esto afecta a lo físico, al cuerpo y a nuestras experiencias con el mismo. Cuando se vive un evento traumático, muchos aspectos sensoriales de la experiencia se quedan anclados y nuestro cuerpo recordará dicho trauma en forma de memorias implícitas (por ejemplo, olores, sonidos fuertes o gritos, provocarán reacciones involuntarias en nuestro cuerpo).

Todo esto sucede por varias cuestiones y en ello, tiene mucho que ver nuestro sistema límbico. El sistema límbico es la parte emocional de nuestro cerebro que regula nuestros instintos y reflejos de supervivencia.

Dos partes fundamentales del mismo que nos pueden ayudar a entender la memoria traumática y somática son la amígdala y el hipocampo: la amígdala procesa nuestras emociones y facilita que posteriormente se almacenen junto a nuestras reacciones emocionales, mientras que el hipocampo se encarga de dar el significado, comprender y almacenar esa información en nuestra historia personal y temporal concreta.

Los eventos traumáticos se graban más fácilmente en la memoria implícita porque dependen de la amígdala, y se sabe que ésta sigue funcionando aún ante eventos muy estresantes, mientras que el hipocampo se desactiva. Por eso a veces, muchas personas que han experimentado un evento traumático no pueden acceder de manera consciente al recuerdo pero si experimentan sensaciones corporales perturbadoras, emociones o impulsos que no entienden.  

Además de todo esto, nuestro sistema límbico también se encarga de regular el funcionamiento del Sistema Nervioso Autónomo, que en situaciones de trauma activa y prepara al cuerpo para la lucha o la huida. Cuando nuestro organismo percibe que no tiene recursos ni herramientas suficientes para hacer frente a la situación y que ni la lucha ni la huida son posibles, opta por “paralizarse o congelarse” como estrategia de supervivencia.

Por esto, muchas veces la persona con trauma vive en un estado crónico de alerta y con constantes síntomas físicos de ansiedad y pánico aunque ya no esté en peligro.

Señales e indicadores de memoria somática y trauma en el cuerpo

Si prestamos atención al cuerpo, este puede ofrecernos mucha información acerca de nuestro estado interno y nos ayudará a poder identificar movimientos, emociones o patrones de conducta que, de algún modo, quedan vinculados a nosotros después de haber vivido un trauma.

Cuando se ha vivido una o varias experiencias traumáticas, muchas personas “confunden” el pasado con el presente, ya que la memoria somática activa muchas sensaciones que hacen revivir o reexperimentar lo sucedido de una forma tan vívida y experiencial que nos puede dificultar hacer esa diferenciación.

Ejemplos de memoria somática

Algunos de los ejemplos de memoria somática que podemos encontrarnos y que afectan al cuerpo, son los siguientes:

Flashback

Un flashback es una repetición muy perturbadora de recuerdos sensoriales de los eventos traumáticos. Se pueden disparar tanto a través de estímulos externos (algo que vemos, oímos, olemos…) como de estímulos internos (sensaciones somáticas, movimientos o emociones que nacen desde dentro del cuerpo).

Los flashbacks que contienen imágenes o sonidos son más fáciles de identificar (porque los asociamos al recuerdo). Pero con los flashbacks corporales o sensoriales sucede algo diferente, ya que la persona siente en ese momento una sensación física o una emoción tan presente, que puede ser complicado entender del todo que eso que está sintiendo no obedece al momento actual (por ejemplo, una persona que ha sufrido abuso y siente de repente mucho miedo en situaciones de intimidad).

Disociación

La disociación consiste en una desconexión total o parcial de la mente-cuerpo o mente-entorno que realizamos como estrategia de supervivencia para no sentir el dolor emocional producido por un trauma, sobre todo cuando percibimos que la lucha o la huida no son posibles.

No se sabe si es un intento del cuerpo y la mente para disminuir el impacto del trauma o un resultado secundario del trauma. La disociación puede manifestarse de diferentes formas: amnesia en grados diversos (recuerdo ciertos elementos del evento traumático pero otros muchos no), anestesia a nivel corporal (“no sentir”), aplanamiento afectivo (no sentir emociones), etc.

Síntomas somáticos

Tensión muscular, corazón acelerado, temblores, hipervigilancia constante, dolor en pecho o estómago, dificultad para mirar a los ojos durante una conversación, nudo en la garganta, dolor de cabeza, somnolencia…

Bloqueos corporales

A veces hay ciertas acciones o conductas que no se pudieron realizar en el momento del trauma y eso acaba dando lugar a nudos o bloqueos a nivel corporal.

Patrones aprendidos

Por ejemplo, evitar sentarnos de espaldas a una puerta en cualquier contexto si hemos sufrido alguna experiencia en la que no pudimos observar o anticipar el peligro.

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Formas de trabajar con la memoria somática

Una de las formas en las que podemos aprender a integrar ciertas vivencias y a liberar nuestro cuerpo de ciertos bloqueos, es encontrar y desarrollar recursos somáticos adaptados a cada uno de nosotros para poder enfrentarnos a situaciones complejas, regularnos y sobre todo integrar mejor ciertos recuerdos asociados a eventos traumáticos.

Precisamente, esto es lo que se aborda desde la llamada terapia sensoriomotriz, técnica mediante la que intentamos fomentar recursos positivos con los que poder experimentar y recuperar momentos de bienestar con nuestros cuerpos.

En este tipo de terapias, y siempre que se trabaja con el cuerpo y las memorias somáticas, es fundamental aprender a escanear nuestro cuerpo y a conectar con el mismo, ya que muchas veces, la propia vivencia del trauma hace que vivamos un poco desconectados de nuestras sensaciones físicas.

Aprender a conectar con aspectos como el movimiento de nuestro cuerpo, la postura, la sensación del tacto de ciertos objetos o percibir temperaturas, son formas sencillas, pero muy útiles, a la hora de ayudarnos en este proceso.

En definitiva, nuestro sistema sensorial está íntimamente conectado con la memoria. Y la memoria sensorial es crucial para entender cómo vivimos, nos relacionamos y conectamos con nuestros cuerpos. 

Si identificas en ti mismo algún aspecto de los comentados en el artículo, no dudes en iniciar tu proceso terapéutico con nosotros, podemos ayudarte. 

FUENTES:

Rothschild, B. (2015). El cuerpo recuerda. La psicofisiología del trauma y el tratamiento del trauma.

Van der Kolk, B. (2020). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Eleftheria.

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