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Heridas en la infancia, ¿conoces las tuyas?

Las heridas emocionales originadas en la infancia explican gran parte de tu comportamiento, ¿te gustaría descubrir todo lo que hay detrás de ellas y comenzar a sanar a tu niño interior?

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Heridas de la infancia

ÍNDICE

¿Qué son las heridas emocionales originadas en la infancia?

Todos nosotros tenemos un pasado que nos acompaña en forma de mochila a lo largo de toda nuestra vida. Esta mochila está llena de experiencias que nos han hecho aprender y crecer como personas, lo cual hace que se convierta en un complemento ligero y que casi no notemos su presencia. 

Pero, no solo tiene este contenido, ya que también lleva dentro otras experiencias, que hacen que tu mochila y la mía sean una carga pesada, que incluso a veces nos ponga difícil hacer aquello que queremos hacer. 

Esta carga pesada en nuestras mochilas, tiene un nombre “heridas emocionales” y a través de este artículo quiero que me acompañes para empezar a tomar conciencia de ellas y así decidir sanar nuestras heridas y convertirlas en una cicatriz, para avanzar en nuestras vidas. 

¿Cómo puedo saber si tengo alguna herida emocional originada en la infancia?

Una vez llegamos a esta pregunta, nuestro interés por el crecimiento personal es bastante alto, así que te doy la enhorabuena. El camino sé que no es fácil, pero el resultado es muy reconfortante. 

Ahora bien, ¿cómo podemos saber si tenemos alguna herida emocional? La respuesta es sencilla. Si tuvieras que dividir tu vida o la de cualquier otra persona en diferentes etapas, ¿cuáles escogerías? Normalmente, siempre elegimos cuatro etapas: la niñez, adolescencia, juventud/adultez y vejez. Son etapas muy diferenciadas y, además, el paso de una etapa a otra deja entrever la presencia de las heridas emocionales. 

¿Alguna vez has sentido que has tenido que madurar muy rápido llegando incluso a perderte algunas etapas de tu vida?

Cuando nos quedamos demasiado en una etapa, o por el contrario la pasamos demasiado rápido, nos estamos encontrando con una herida emocional que necesita ser cicatrizada, y esta resistencia tanto para avanzar como para querer retroceder está indicando que parece que necesitamos resolver ciertos asuntos relacionados con dicha etapa para que nuestra herida pase a ser una cicatriz que podamos lucir, y no una herida que queramos esconder. 

Heridas de la infancia

¿Por qué aparecen las heridas emocionales originadas en la infancia?

Las heridas emocionales, siempre aparecen con una finalidad. Se podrían considerar como un tipo de mecanismo de defensa, que aparece para “ayudarnos” o “protegernos”.

Las heridas emocionales son una especie de máscara que aparece a raíz de una serie de creencias que influyen en nuestra actitud y comportamiento. Cuando nuestras heridas son más profundas, más sufrimos y esto hará que llevemos esta máscara puesta más a menudo. Esta máscara no nos deja actuar como realmente somos, sino que nos obliga a actuar en base a nuestros miedos.

Por ejemplo, si de niño siempre te has sentido bastante abandonado por tus padres, la herida que aparecerá en tu caso tendrá como objetivo conseguir que te sientas acompañado y querido. Pero hay algo sobre lo que tienes que tener especial cuidado, y es que no puedes olvidarte de que las heridas emocionales siempre están relacionadas con algo de tu pasado, por lo que probablemente este deseo de sentirse acompañado y querido no sea de un adulto, sino de esa otra etapa (en este caso la infancia) a la que le acompaña esta herida emocional. 

Afrontar estas heridas desde nuestro rol adulto, nos ayudará a detectarlas para seguir creciendo. Pero afrontar dichas heridas desde un rol infantil, hará que estas heridas permanezcan abiertas durante un largo periodo de tiempo y a seguir viviendo bajo una máscara que no queremos que nos represente. 

¿Y a ti, te gustaría quitarte tu máscara?

¿Cuáles son las heridas emocionales de origen en la infancia?

Las heridas emociones son cinco en total y todas ellas llevan consigo su máscara:

Rechazo

Es la primera que se manifiesta.

Para que aparezca esta herida es necesario haber sufrido un rechazo real o imaginado por parte de nuestras figuras de apego

Las personas que tenemos esta herida no observamos con objetividad lo que sucede a nuestro alrededor, ya que vemos la realidad desde este filtro o máscara, sintiéndonos rechazado aun cuando no es así. 

La máscara que creamos bajo esta herida emocional nos lleva a evitar sufrir ese rechazo, a través de evitar las interacciones con otros. 

Pero fijate en lo paradójico de esta situación: tenemos la herida de rechazo, por lo que por una parte anhelamos el contacto con los otros, y sin embargo esta máscara nos dice que tenemos que huir de estas situaciones. 

Esta máscara (y las demás) nos lleva a no atender esta herida, dificultando enormemente su proceso de cicatrización.

Abandono

Las personas que llevamos con nosotros esta herida consideramos que no somos queridos, que somos menos válidos que otras personas.

Esta máscara nos hace pensar que no podemos hacer nada por nosotros mismos, y que siempre necesitamos del otro.

Si prestas atención, podrás darte cuenta de que esta máscara nos vuelve a llevar a una paradoja: si siento que no soy querido ni válido y pienso que siempre necesito a una persona de apoyo, finalmente me vuelvo a demostrar que por mí mismo no puedo, que no soy válido, ya que no me doy la oportunidad para demostrármelo.

Humillación

Esta herida emocional aparece justo cuando empezamos a desarrollar el sentimiento de vergüenza. Suele generarse en el momento en el que sentimos que nuestras figuras de apego se avergüenzan de nosotros. El desarrollo de la sexualidad puede hacer que se desarrolle esta herida. Si de niño has sorprendido a uno de tus padres desnudo y se muestra muy incómodo por la situación, si tus figuras de apego te han dicho que explorar tu cuerpo es algo vergonzoso… 

En definitiva, las personas que portamos esta herida tendemos a sentirnos demasiado controlados por nuestras figuras de apego, con poca libertad para actuar. 

En este caso, la máscara que aparece hace que terminemos buscando inconscientemente, tanto el castigo, como la humillación. Pero desde el punto de vista, de ejercer contra nosotros mismos dichas actitudes antes de que lo puedan hacer otros. 

En este caso, volvemos a entrar en una nueva paradoja. Siempre vivimos con el lastre de la posibilidad de humillación, pero a la mínima somos nosotros quienes nos volvemos nuestro peor enemigo. 

Traición

Esta herida emocional, surge cuando en algún momento de nuestra infancia nos sentimos traicionados o engañados por una figura de apego.

En este caso, la máscara que aparece trata de exhibir fuerza y poder, bajo la necesidad de sentirnos responsables de lo que ocurra a nuestro alrededor, y deseando que los demás sientan que pueden confiar en nosotros. 

Pero el deseo constante de tratar de satisfacer o contentar a los demás, conlleva el olvidarnos de nosotros mismos

Injusticia

Y por último aparecería la herida de injusticia, la cual surge en el momento en el que de niños desarrollamos el sentimiento de individualidad, pero encontramos algún tipo de barrera, principalmente de nuestra figuras de apego (sobreprotección).

En este caso, la máscara que se genera nos lleva a no contactar con nuestros sentimientos, a no reconocer aquello que deseamos, ya que consideramos que no lo vamos a poder obtener. Esta máscara nos lleva a engañarnos, creyendo que nada puede afectarnos, porque no conectamos con nuestras emociones, a pesar de que esto nos lleva a no desarrollarnos plena y libremente.

En conclusión… 

Las heridas emocionales se pueden comparar con una herida física, la cual ignoramos y decidimos vendarla para no verla. Este vendaje equivale a una máscara. 

Aún teniendo la mano vendada, si alguien te coge la mano seguramente gritaras de dolor, ya que la venda hace que no veas tu herida, pero no la hace desaparecer, sino que incluso llega a aparecer en otros momentos en los que no te lo esperas.

Proponte recuperar aquello que no has podido disfrutar durante tu vida. Si sientes que no has jugado mucho, juega. Si no has tenido suficientes amistades, proponte empezar a ver cómo podrías conectar con nuevas personas. Recupérate, cura tus heridas, sigue creciendo y sé el dueño de tu vida. 

FUENTES:

Stamateas, B. ;. (2012). Heridas emocionales: Sanar el pasado para un mañana mejor. (1a ed.). B de Books.

Bourbeau, L. (2000). Las cinco heridas que impiden ser uno mismo. (1a ed.). Obstare 

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