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Estilos de crianza: la formación para la vida adulta.

Los estilos de crianza se refieren al entrenamiento y formación que los niños reciben de sus padres, o de quien ejerza este papel educador en su vida.

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Estilos de crianza

ÍNDICE

¿Cómo nos influye el estilo de crianza de nuestros padres?

Los estilos de crianza consisten en las pautas originadas en el poder que ejercen los padres sobre sus hijos (unidireccional) y la influencia mutua entre ellos (bidireccional). Son los conocimientos, actitudes y creencias que los padres asumen en relación a la salud, la nutrición, la importancia de los ambientes físico y social y las oportunidades de aprendizaje de sus hijos en el hogar. 

Los padres o encargados del niño son los principales gestores de su desarrollo, y son los pioneros en poner en práctica los estilos de crianza que influyen en los procesos de socialización. La familia es el primer grupo donde se implementan estas estrategias, es decir, lo que los padres desean que ocurra respecto a sus hijos y los medios para alcanzarlo. Los estilos parentales usados para la crianza se relacionan con:

  • El tipo de disciplina.
  • El tono de la relación y el mayor o menor nivel de comunicación.
  • Las formas que adopta la expresión de afecto.

¿Cuáles son los estilos de crianza?

Entre las principales funciones educativas que tiene la familia respecto al niño se encuentran las siguientes: satisfacer las necesidades básicas como la alimentación, proveer de un hogar adecuado, buenas condiciones para la salud, protección, afecto y seguridad. Así como transmitirles pautas de comunicación, conocimientos, costumbres, normas de comportamiento y de relación con los demás.

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Se reconocen tres modelos de crianza según Baumrind (1966):

  • Padres o figuras principales autoritarios: valoran la obediencia, el orden y la dedicación a las tareas marcadas. Se sobre-esfuerzan en influir, controlar y evaluar el comportamiento de los niños de acuerdo a unos patrones preestablecidos. La principal característica de este estilo es la falta de comunicación, ya que no facilitan el diálogo, y la falta de afecto. Prevalecen el control, la obediencia, las críticas y la exigencia. 
  • Padres o figuras principales permisivos: proporcionan una gran autonomía al niño. Los padres o figuras principales permisivas se comportan de una manera afirmativa, aceptadora y benigna hacia las acciones del niño, evitan el recurso de la autoridad y los castigos y no son exigentes en cuanto a las expectativas de madurez y responsabilidad del niño. 
  • Padres o figuras principales democráticos: se caracteriza por el uso de la disciplina inductiva promoviendo la comunicación y el razonamiento detrás de cada conducta. Las figuras principales motivan a los niños a valerse por sí mismos respetando su personalidad e intereses estableciendo valores y lazos de disciplina. Parten de una aceptación de los deberes y derechos propios y del niño considerado ‘reciprocidad jerárquica’. Intentan dirigir la actividad del niño imponiendo roles y conductas maduras utilizando el razonamiento y la negociación. Se caracteriza por la comunicación bidireccional estimulando el refuerzo del valor parental y fortaleciendo la habilidad de los niños para comprender las demandas de sus figuras principales y responder de manera correcta. En caso de que fuese necesario un castigo, lo aplican de “manera justa”, es decir, el castigo se dará cuando sea preciso y explicándole al niño el por qué.

¿Cuál es el resultado de cada estilo de crianza?

El estilo de crianza de cada padre o madre es totalmente particular y probablemente no se ajuste a de forma total a ninguna descripción teórica, pero a grandes rasgos estos son los resultados de aplicar cada uno de los estilos de crianza:

  • Autoritario: este estilo de crianza termina por crear una distancia entre los niños y sus figuras principales provocando que los niños terminen siendo menos cariñosos y más inseguros, descontentos y retraídos. Pueden tener baja autoestima y no aprender a pensar por sí mismos.
  • Permisivo: uno de los principales problemas causados por este estilo de crianza consiste en que los padres no son capaces de marcar límites, pudiendo llegar a producir efectos socializadores negativos en los niños respecto a conductas agresivas y dificulta el logro de independencia personal. Forman niños alegres y vitales, pero dependientes, con altos niveles de conducta antisocial y con bajos niveles de madurez y éxito personal.
  • Democrático: este estilo de crianza por lo general da lugar a una buena autoestima, bienestar psicológico, un nivel inferior de conflictos, etc. Estos niños suelen ser interactivos y hábiles en sus relaciones con sus iguales, independientes y cariñosos.

Normalmente todas estas conductas y estrategias se interiorizan y se transmiten de generación en generación, pudiendo cuestionarse y buscar otras alternativas para lograr un estilo de crianza que resulte más coherente para la crianza.

Nuevas clasificaciones de estilos de crianza

Más tarde, en 1983, Maccoby & Martin ampliaron el trabajo de Baumrind y desarrollaron un cuarto estilo de crianza:

  • Negligente: los progenitores no ponen límites y tampoco dan afecto. Debido a estas carencias, tanto en lo físico como en lo emocional, estos niños suelen ser criados por terceras personas. Precisamente como consecuencia de no tener referentes en casa, los menores suelen buscarlos en el exterior, por lo que suelen establecer relaciones poco saludables a medida que crecen, basadas en la dependencia y la protección que no recibieron de niños.

Otros autores definieron posteriormente otro nuevo estilo de crianza, que daría lugar al quinto y último tipo:

  • Sobreprotector: los padres y madres sobreprotectores evitan que el hijo realice actividades que consideran arriesgadas o peligrosas, dan constantemente consejos acerca de cómo “debe” y “no debe” actuar, realizan frecuentes llamadas de atención sobre riesgos o peligros, elogian o animan la búsqueda de apoyo y tienden a darle todo hecho. Tienen una mayor probabilidad de presentar: menor desarrollo de competencias sociales y autoestima (Levy, 1966); distimia y trastornos de ansiedad (Parker, 1983); también presentan baja tolerancia a la frustración, dificultades en el afrontamiento de acontecimientos vitales de forma autónoma, etc.

EI tipo de normas que una familia establece, los recursos y procedimientos que utilizan para hacer cumplir dichas normas, junto con el grado de afectividad, comunicación y apoyo entre padres e hijos constituyen dimensiones fundamentales para el crecimiento personal de los más jóvenes, para su interiorización de valores y las decisiones que toman ante conflictos sociales (Samper, 1999; Pérez Delgado y Mestre, 1999).

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Los factores ecológicos, condiciones físicas que prevalecen en un hogar y el grado de orden que caracteriza las actividades que en la familia se realizan también influyen en el desarrollo del niño. Si bien se ha constatado que la estimulación puede ayudar al desarrollo cognitivo de los niños, el grado de orden o estructura en su vida es también muy importante. Hogares ricos en estímulos que poseen orden y dedicación: estímulos dirigidos al niño en forma de conversación, atención, caricias o juegos contribuyen al desarrollo de conductas más maduras. Por el contrario, hogares ricos en estímulos más difusos que no se centran en las necesidades y demandas del niño pueden contribuir a la inhibición o confusión en el desarrollo cognitivo y afectivo del niño (Watson y Lindgren, 1991).

En conclusión…

Moldes y Cangas (2011) señalaron que:

Los hijos son criados bajo principios adquiridos durante el propio desarrollo de los padres, transformados por opiniones culturales que subrayan qué es aceptable y qué es mejor. Las sociedades siempre han dictado las “reglas” de crianza buscando modelar el tipo de personas que se requieren en cada momento histórico. De tal manera que la forma en que los padres emplean los estilos de crianza, tendrá un impacto directo en el desarrollo social y emocional de los hijos.

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FUENTES:

Jorge, E., & González, M. C. (2017). Estilos de crianza parental: una revisión teórica. Informes psicológicos, 17(2), 39-66.

Escrivá, M. V. M., García, P. S., Porcar, A. M. T., & Díez, I. (2001). Estilos de crianza y desarrollo prosocial de los hijos. Revista de psicología general y aplicada: Revista de la Federación Española de Asociaciones de Psicología, 54(4), 691-703.

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