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¿Sientes que has probado de todo y que a pesar de ello el dolor crónico sigue ahí, adueñándose de tu vida?

Esto puede cambiar gracias al Mindfulness, una técnica que ha resultado de gran utilidad a la hora de disminuir el dolor crónico.

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Dolor crónico Mindfulness

ÍNDICE

¿Qué es el dolor crónico?

Existen dos tipos principales de dolor. El primero lo conoces muy bien, ya que todos en algún momento hemos caminado descalzos y hemos visto las estrellas al golpearnos el dedo meñique del pie con algún mueble. Este tipo de dolor, se denomina dolor agudo, y si consigues recordarlo te darás cuenta de que aparece de repente y progresivamente desvanece. Pero, ¿qué ocurre si no desaparece? Cuando se mantiene a lo largo del tiempo y no llega a desaparecer, se llama dolor crónico. Este tipo de dolor produce en las personas que lo sienten mucho sufrimiento, rechazo y una lucha constante para que desaparezca.

¿Por qué aparece el dolor crónico?

Antiguamente se creía que el dolor crónico aparecía tras una enfermedad que dejaba secuelas o por causa genética. Esta creencia sigue presente hoy en día en algunas definiciones de la palabra dolor como ocurre en la RAE. Pero, ¿qué pasa cuando, a pesar de sufrir dolor, no encontramos una enfermedad? En muchos de esos casos, el relato del paciente se atribuye a una enfermedad mental, e incluso se sugiere que su testimonio es exagerado o que están fingiendo para llamar la atención. Si nos paramos a pensar veremos que un dolor agudo casi nunca es cuestionado.

Sin embargo, el dolor crónico sobrepasa y contradice en muchos casos la base teórica de todo lo que se creía saber del dolor, por ejemplo, que tiene que haber una lesión física. Esto, junto con la necesidad de buscar una explicación inmediata, facilitaba que el dolor crónico fuera encasillado en el marco de la enfermedad mental.

Por otro lado, la ausencia de instrumentos de evaluación objetivos, es decir,  que expresan la realidad tal cual es, contribuyó a este encasillamiento.

No hay que pasar por alto que tras el diagnóstico, en estos casos había un “profesional” que anteponía su propio ego, al preferir dar una explicación inexacta con tal de no admitir que no tenía explicación en ese momento, a trabajar con el paciente para buscar una solución conjunta conforme a la situación real. Esto ha tenido consecuencias en esta población ya que por diagnósticos como este, que han aumentado el estigma social, las personas que sufren dolor crónico fingen, pero no de la manera en que se creía. Fingen que todo está bien, que no duele tanto, que necesitan dar explicaciones a otras personas para justificarse acerca de su propio dolor pero en ningún caso fingen para llamar la atención, ni exageran el dolor que sienten.

Por el contrario, tampoco es raro encontrar gente que cuando el médico les propone dar un enfoque psicológico al dolor, sienten que les están diciendo que su dolor no es real. Esto ocurre porque estamos acostumbrados a tomar un papel pasivo. Si algo nos duele vamos al médico e ingerimos lo que nos mande como si de llevar nuestro coche al taller se tratase, pero nuestro cuerpo no es ninguna máquina y uno de los problemas del dolor crónico es que en muchas ocasiones no se encuentra una causa.

Cambios en la definición

Por primera vez desde 1979, la IASP ha introducido un cambio en la definición de dolor entendiendo que los componentes emocionales y sociales también influyen en el mismo. En otras palabras, que aunque no exista una causa visible, el dolor de la persona es real.

Además, gracias a esta definición podemos decir que el dolor crónico no solo afecta corporalmente, sino que va acompañado de cambios comportamentales y emocionales. Aún teniendo en cuenta la dimensión emocional, el dolor se percibe como síntoma de una enfermedad y los factores psicológicos como síntomas secundarios. Pero, ¿es posible que la propia enfermedad haya sido producida por factores psicológicos?

Cómo actúa el dolor crónico

El dolor actúa como un mensajero avisando que algo va mal y que necesitamos cuidados adicionales, activando el sistema nervioso, que es el encargado de responder para protegernos además de activar el sistema de alerta. Por ejemplo, cuando sacamos algo del horno, si nos quemamos, de manera automática retiraremos la mano (alerta) y la meteremos en agua fría (cuidados adicionales).

El sistema nervioso también se activa con otros estados, por ejemplo el estrés. Cuando nos sentimos estresados durante mucho tiempo, el estado de alerta no desaparece y provoca que el cuerpo no descanse, por lo que nuestras defensas disminuyen, y es más fácil enfermar. A esto se le conoce como enfermedades psicosomáticas que son producidas por factores emocionales pero manifestadas a través de dolor físico. ¿Y por qué? Porque, de nuevo, concebimos el cuerpo como una máquina prestando más atención a lo físico que a lo emocional.

Sin embargo, esa parte emocional también nos está mandando un mensaje y al no hacerle caso intenta llamar nuestra atención por otro lado. Por todo ello es muy importante reflexionar sobre dos preguntas: ¿Está gritando algo mi mente que no estoy escuchando? ¿Y mi cuerpo? Es importante prestar atención a este aspecto, ya que muchas de las enfermedades psicosomáticas pueden acabar causando sintomatología y dolor crónico. Un ejemplo es la ansiedad estomacal que se manifiesta a través de dolores de tripa, indigestiones e incluso vómitos y diarrea.

Es necesario cambiar el paradigma acerca del dolor crónico, entendiéndolo como una enfermedad en sí misma, y no como una señal que es producida por otra afección. Esta nueva forma de entender el dolor promovería que las personas que lo sienten puedan tomar un papel activo a la hora de enfrentarse a ese dolor. Como dijo Buda: “el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”.

¿Qué ocurre cuando se ha intentado todo y nada ha funcionado?

La mayoría de personas que hoy en día sufren dolor crónico han intentado todo para que este desaparezca. Desde intentar olvidarse de él y hacer vida “normal”, hasta recurrir a medicamentos o terapias para aliviarlo. Sin embargo, en muchos casos éstos no han funcionado como se esperaba. 

Y eso que el camino no ha sido fácil. A menudo en esta lucha reciben ciertos comentarios como “estás exagerando”, “está todo en tu cabeza” o “sigue tomando los analgésicos” al acudir a profesionales en busca de ayuda. No tenemos que ir muy lejos para ver estos testimonios, basta con un vistazo rápido en redes sociales. Y no es de extrañar, seguro que a la mayoría de nosotros nos ha pasado alguna vez acudir al médico, y que este minimice nuestro problema o nos diga que es normal. Yo he vivido esta situación, por ejemplo, con el dolor menstrual, escuchando comentarios como “es normal”, “tómate un ibuprofeno”, sintiéndome poco apoyada y no volviendo a acudir si no se me pasaba. Por ello, es duro imaginar esta situación en personas en las que este dolor no desaparece a pesar de haber seguido todas las indicaciones.

Nos queda mucho camino por recorrer aún. No hay que normalizar sentir dolor, si duele tenemos que buscar ayuda y nos merecemos ser escuchados y tomados en serio. 

Por ello, hoy quiero hablaros acerca del Mindfulness, ya que ha demostrado tener efectos beneficiosos a la hora de disminuir el dolor crónico.

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¿Qué es el Mindfulness?

El Mindfulness es una corriente fue creada por Jon Kabat-Zinn para ayudar a los pacientes con dolores crónicos que no mejoraban con los servicios médicos. El programa incluía meditación en posición sentada, prestando atención a la respiración para luego extender dicha atención hacia la observación de los estados mentales, emocionales y acontecimientos estresantes de rutina; la exploración corporal que tiene como objetivo prestar atención al cuerpo para aumentar la conciencia sobre el mismo, de manera que conozcamos nuestras propias fortalezas y limitaciones. Por último, se utilizó hatha yoga o Mindfulness corporal para prestar atención a la respiración en sintonía con movimientos físicos. Este programa presentó buenos resultados reduciendo la percepción de dolor crónico en los participantes.

Durante el programa las personas tuvieron los siguientes pensamientos: “me está matando”, “no lo puedo aguantar más”, “mi vida es horrible”, “jamás lograré dominar este dolor”. ¿Tú los has tenido alguna vez? Estos pensamientos se llaman pensamientos intrusivos y muchas veces el identificarnos con ellos, y luchar para que desaparezcan, produce más sufrimiento que si intentásemos aceptarlos. 

El Mindfulness propone una reconciliación con el dolor cambiando la expectativa, que en los casos de dolor suele estar orientada a eliminarlo, a otra en la que aprender de él y poder entenderlo. Esta nueva visión pasa por desarrollar nuevos tipos de control basados en nuestra capacidad de relajarnos, de prestar atención de manera consciente a la experiencia del momento, sin crítica, así como por conocer nuestras necesidades desde una visión más profunda.

Muchas personas pueden pensar que es aburrido, o incluso sentir frustración ante la idea de aprender a relacionarse de esta manera con su dolor pero, ¿cuántas veces al día realizamos cosas aburridas o que nos frustran, pero que son de utilidad para nosotros? Y además, si lo hemos intentado todo, ¿qué tenemos que perder?

¿Cómo puede ayudarnos?

Este proceso nos ayudará a desarrollar nuevos tipos de respuesta ante las distintas situaciones de la vida, así como a establecer límites para lograr el bienestar emocional, promoviendo un cambio positivo para la persona a nivel emocional y conductual, que beneficia a la salud en conjunto, pues desde el plano físico se observa una reducción significativa en el estado de tensión muscular de los pacientes.

Todo esto va a hacer que desarrollemos nuevas respuestas, y por tanto, pongamos nuevos límites, promoviendo un cambio que sería la disminución del dolor crónico que estaba reflejando que las cosas no iban bien. 

El Mindfulness nos ayuda a iniciar el camino a la aceptación frente a luchar por aquello que no podemos controlar regulando el sistema nervioso que se activa ante la presencia de dolor crónico. Un sistema nervioso regulado no significa que siempre estés en paz, o que nunca vayas a sentir dolor, pero permite que tu cuerpo valore la situación, responda adecuadamente y poco a poco aprenda a autorregularse. El tiempo por sí solo no cura, lo que cura es lo que hacemos con el tiempo y el cambio siempre va a empezar por uno mismo. ¿Te gustaría intentar fomentar tu calma frente al caos? 

FUENTES:

Centro Elle (2018).Qué es el sistema de alerta. Recuperado el 6 de octubre de 2022, de http://www.centroelle.com/que-es-el-sistema-de-alerta/ 

Kabat-Zinn, J. (1982). An outpatient program in behavioral medicine for chronic pain patients based on the practice of Mindfulness meditation: Theoretical considerations and preliminary results. General hospital psychiatry, 4(1), 33-47.

Kabat-Zinn, J. (2016). Vivir con plenitud las crisis: cómo utilizar la sabiduría del cuerpo y de la mente para enfrentarnos al estrés, el dolor y la enfermedad. Editorial Kairós.

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