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Disociación: cuando el cerebro se desconecta

¿Sabías que la mente es capaz de desconectarnos de la realidad que vivimos en el presente? Este fenómeno se llama disociar y está relacionado con nuestra capacidad de procesar eventos difíciles.

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que es disociación

ÍNDICE

Qué es la disociación 

¿Alguna vez has ido conduciendo hacia casa y cuando has llegado no recordabas el trayecto?, ¿o tal vez has vivido alguna situación y te parecía que te mirabas desde arriba, como si las vieras desde fuera? Estas vivencias tienen un nombre y son conocidas como experiencias disociativas

La disociación supone una desconexión con la realidad. Es decir, vivir experiencias que no se integran correctamente y no se viven del todo conscientes. Cuando nos disociamos, es porque se da una desconexión entre los pensamientos, la memoria y el sentido de identidad. 

La disociación, por tanto, es una situación “contraria” a la integración. Nuestra mente se fragmenta y produce momentos de los que no somos conscientes de por qué hacemos una cosa u otra, creando amnesia e incluso dividiendo en partes nuestra mente. 

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Nuestra mente puede disociarse de forma automática e inconsciente, o de forma consciente. De forma inconsciente cuando: hemos estado expuestos a situaciones traumáticas en nuestra vida, como el abuso, la negligencia, etc; o bien en situaciones cotidianas/ aburridas, como cuando nos quedamos abstraídos viendo una película. En otros casos, la disociación puede ser puesta en marcha de forma totalmente voluntaria, a través de prácticas como la meditación. 

Las investigaciones demuestran que hasta un 10 % de la población ha experimentado algún fenómeno de disociación a lo largo de su vida. Y que casi 3 de cada 4 individuos que han vivido un suceso traumático, entran en un estado disociativo durante el suceso o en las horas, días y semanas siguientes.

Los síntomas disociativos pueden aparecer también en algunas enfermedades mentales, como la esquizofrenia, el trastorno bipolar o el trastorno límite de la personalidad (TLP). Algunas sustancias, como la ketamina u otras drogas, también pueden inducir estados disociativos.

Síntomas disociativos

Existen cinco síntomas disociativos principales:

Despersonalización

Es la sensación de extrañeza o distancia con respecto a uno mismo. Es decir, la sensación de que uno mismo está separado de su propio cuerpo o que su cuerpo no le pertenece. Se puede incluso sentir que estamos flotando fuera de nuestro cuerpo o que estamos viendo nuestro cuerpo desde fuera (espectador de nuestra vida).  

Desrealización

Se trata de la sensación de irrealidad o extrañeza del entorno. Es común que al experimentar desrealización nos sintamos como si estuviéramos en un sueño o en una película, como si el entorno y lo experimentado de él no fueran reales. 

Amnesia disociativa

Hace referencia a la incapacidad de recordar eventos importantes de nuestra vida. Puede ser selectiva, cuando sólo se olvidan ciertos eventos; generalizada, si se olvida un cierto período de tiempo; o continua, cuando se olvidan eventos importantes a lo largo de toda la vida.

Fuga disociativa

En este caso, la persona escapa a otro lugar debido a un trauma o una situación de estrés extrema. La persona puede viajar a otro lugar y comenzar una nueva vida, y al llegar, darse cuenta de que está desorientada y que no sabe dónde está ni cómo llegó allí. Puede incluso no recordar su vida anterior.

Alteración de la identidad

Nos referimos a la sensación de poseer dos o más identidades dentro de la misma persona, las cuales son significativamente distintas. La persona muestra comportamientos que indican que asume distintas identidades o estados del yo en determinados momentos.

Por ejemplo, referirse a sí mismo con distintos nombres o en plural, darse cuenta de que posee una habilidad aprendida con la que no contaba, descubrir que tiene objetos que no es consciente de haber adquirido, que otras personas le llamen por un nombre diferente al suyo o que le cuenten que ha estado actuando como una persona totalmente diferente…

Cada personalidad tiene su propio conjunto de pensamientos, sentimientos y comportamientos, y puede asumir el control del cuerpo en diferentes momentos.

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Disociación y trauma

Una experiencia traumática se define como un evento que supera la capacidad de una persona para responder a él. El trauma se ha asociado con una variedad de problemas psicológicos, entre los que destacan los síntomas de estrés postraumático, la disociación y la falta de bienestar percibido. Estas variables pueden tener un papel importante para explicar el desarrollo y el mantenimiento de la persona que sufre el trauma.

Mecanismos para hacer frente a las situaciones amenazantes

Los seres humanos tenemos tres mecanismos principales para hacer frente a situaciones amenazantes: luchar/defendernos, huir, o disociar/paralizarnos (congelación). Hay ocasiones en las que huir o defenderse son opciones inaccesibles o inviables, por ejemplo, un niño de un adulto que intenta hacerle daño. En ese caso, lo único que puede hacer su cuerpo es paralizarse y su mente disociarse o evadirse. 

En situaciones traumáticas, la disociación puede actuar como un mecanismo automático de evitación. Efectivamente, a nuestra mente se le plantea una dificultad o situación que no es capaz de abordar y pulsa el botón de “off” para no procesarla. 

La disociación tiene, por tanto, una función amortiguadora, ya que evita que la persona atienda esos estados emocionales negativos.

El abuso físico y/o  sexual repetido en la infancia y otras formas de trauma (negligencia, cuidadores imprevisibles…) se relacionan con el desarrollo de trastornos disociativos. Si existe un trauma crónico, por ejemplo en la niñez, la disociación puede ser considerada adaptativa, ya que reduce el dolor emocional ante un evento traumático que el niño está viviendo.

Disociación en población general y población clínica

Debemos entender los síntomas disociativos como un contínuo, desde los más leves hasta los más graves. 

Una disociación leve puede ser, por ejemplo, conducir por una carretera familiar y darte cuenta de que no recuerdas los últimos kilómetros porque “estabas en piloto automático”. Estos síntomas leves son pequeños fallos en la integración de la experiencia consciente.

Entre ellos podemos destacar:

  • Lapsos de pequeñas pérdidas de memoria
  • Ensoñaciones o fantasías diurnas
  • Abstracción intensa
  • Implicación atencional excesiva
  • Estados de ensimismamiento
  • Sentimientos transitorios de extrañeza o de distanciamiento espacial. 

Muchas de estas manifestaciones disociativas son bastante frecuentes en la población general y no suelen generar un malestar reconocido en la persona que las experimenta.

Los fenómenos disociativos más patológicos

Por otro lado, en cuanto a los fenómenos disociativos más patológicos, se consideran aquellos que supongan problemas significativos en la memoria autobiográfica y el sentido del yo. Es decir, en sus formas más graves, implican una profunda desconexión de los sentimientos y los recuerdos.

Cuando una persona se disocia, puede olvidar por completo periodos de tiempo concretos, acontecimientos o información personal, y puede sentirse extrañamente alejada de su propio cuerpo.

El fenómeno disociativo en sí no puede definirse como un evento “bueno” o  “malo”. Lo que debemos tener en cuenta es que si es muy recurrente en la vida de la persona, esa discontinuidad en la integración normal de su conciencia tendrá, con mayor probabilidad, una connotación problemática. Esto es porque si se usa la disociación como modo de afrontamiento principal ante las dificultades, la persona puede desconectar automáticamente de las situaciones que percibe como peligrosas o amenazantes, sin tener tiempo para determinar si existe un peligro real, dejándola incapaz de protegerse con otros mecanismos de peligro.

El manual DSM-V contempla 3 trastornos disociativos principales: trastorno de identidad disociativa, amnesia disociativa y trastorno de despersonalización/ desrealización.

Tratamiento de los síntomas disociativos

Las personas con tendencias disociativas a menudo acuden a terapia o piden ayuda profesional por presentar otros síntomas como dolores corporales aislados o problemas de memoria, que no suelen relacionarse a priori con la sintomatología disociativa. Es por ello que no son detectados ni se reconocen como tal, sino que suelen ser identificados en fases posteriores del tratamiento.

La psicoterapia es el principal tratamiento para los trastornos disociativos. El terapeuta trabajará para ayudarte a entender la causa de tu sintomatología y a desarrollar nuevas formas de afrontar las situaciones de estrés.

En Combrensión, nuestro equipo te ayudará a identificar y sanar los traumas que has sufrido pero, por lo general, solo lo hará cuando puedas hacer frente a desafíos o situaciones que los mantienen activos, y tengas una relación con tu terapeuta que te permita mantener estas conversaciones de manera segura.

Fuentes

Vazquez, Anabel Gonzalez. “Disociación y trauma.” Cadernos de psicología 32 (2008): 63-78.

Putnam, AR y Duke, SO (1985). Alelopatía de las malezas (págs. 131-155). Boca Ratón, Florida: CRC Press.

Froufe, Manuel. “Disociaciones entre cognición y conciencia: hacia un modelo multimodular e integrado de la mente.” Estudios de Psicología 24.2 (2003): 163-188.

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