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Amaxofobia: miedo a conducir

La amaxofobia es un tipo de fobia que afecta significativamente a la vida de la persona pero es tratable y tiene un buen pronóstico de recuperación.

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Amaxofobia miedo a conducir

ÍNDICE

¿Qué es la amaxofobia?

El miedo es una emoción adaptativa para nuestra supervivencia, ya que activa nuestro cuerpo para protegernos de un peligro existente en el entorno. No obstante, cuando el miedo surge ante situaciones que objetivamente no suponen una amenaza, nos encontramos con un miedo desadaptativo. Para referirnos a esas reacciones de miedo empleamos el término fobia.

Entre los distintos tipos de fobias, destaca la amaxofobia, caracterizada por una inquietud permanente y descontrolada al conducir.

Criterios para diagnosticar una fobia

Según el DSM-5, para el diagnóstico de una fobia se requieren una serie de criterios. Entre ellos se encuentran: 

  • Tener un miedo intenso por un objeto o situación específica
  • Que el miedo aparezca de forma inmediata al estar en contacto con el objeto/situación 
  • Que la persona evite o se resista activamente a exponerse al objeto/ situación temido.

Como afecta la amaxofobia

En la amaxofobia, se experimenta un cuadro de ansiedad antes y durante la conducción, con la consiguiente evitación de la acción de conducir. Los síntomas provocan en la persona que la padece: un malestar significativo y serias interferencias con la vida cotidiana.

Esta fobia puede bloquear totalmente a la hora de conducir y hacer sentir que es imposible coger el coche.

Tipos de Amaxofobia

Existen dos tipos de amaxofobia: amaxofobia primaria y amaxofobia secundaria.

Amaxofobia primaria

La primera ocurre en el momento de aprender a conducir. En este caso, no se identifica ningún suceso traumático. Sin embargo, la persona comienza a tener miedo a montarse en el vehículo.

Amaxofobia secundaria

Por otro lado, la amaxofobia secundaria, tiende a aparecer en personas que han experimentado accidentes de tráfico u otros sucesos traumáticos relacionados con la conducción, por ejemplo en quienes han presenciado un choque o, personas sensibles a las campañas de la Dirección General de Tráfico donde, de alguna forma, son espectadores de estos hechos. 

Hasta el momento, la investigación sobre la amaxofobia es escasa, aun así, se estima que en España un 30% de los conductores experimentan algún tipo de miedo a conducir, de los cuales en torno a un 12% restringen totalmente o parcialmente la utilización del automóvil en su vida diaria. Con respecto al género, un 64% de quienes padecen miedo a la conducción son mujeres. Mientras que, un 36% está formado por hombres.

Amaxofobia miedo a conducir

¿Cómo puede desarrollarse la amaxofobia?

La amaxofobia puede aparecer en cualquier etapa vital de la persona. 

Las causas son complejas y difíciles de delimitar, pero de forma usual, suelen existir múltiples factores que pueden favorecer a que la persona genere una aversión a conducir. Son situaciones que en principio pueden resultar ansiógenas y que, finalmente, enfrentarse a ellas se acaba convirtiendo en el mayor de los miedos. También es posible desarrollar amaxofobia sin razones o causas aparentes, aunque es bastante menos usual. 

Factores de riesgo para desarrollar miedo a conducir

Algunos de los factores que pueden favorecer el miedo a la conducción son: 

  • Conducir por vías rápidas (autopistas y autovías).
  • Sufrir síntomas de ansiedad durante la conducción (como por ejemplo, sufrir un ataque de pánico o perder el control del cuerpo o de las emociones… ya que se anticipa que pueda volver a ocurrir).
  • Factores de personalidad (tener una baja autoestima, ser muy perfeccionista, compararse con otros conductores…).
  • Exponerse a situaciones que compliquen la conducción (atascos, tráfico denso, conducir a través de túneles o puentes, aparcar…).
  • Sufrir condiciones climatológicas adversas (lluvia, viento…).
  • Conducir en momentos concretos del día (noche, mañana…).
  • Sufrir un accidente de coche o que alguien cercano lo haya tenido. 
  • Sentir una gran responsabilidad por llevar en el coche a niños u otras personas.
  • Temer poder atropellar a alguien.
  • Temer ser multado o detenido.

Sintomatología de la amaxofobia

Más allá de la amaxofobia, se puede tener algún miedo a la hora de conducir, en ciertas situaciones. Aunque se haga todos los días, la realidad es que conducir no es fácil en todas las circunstancias. La conducción requiere coordinación y exige ciertas capacidades al conductor. 

Puede darse que, aunque no se tenga amaxofobia, sí se pueda tener problemas a la hora de conducir en ciertas situaciones: si eres un conductor novel puedes tener inseguridades, también puedes ir perdiendo facultades según pasan los años y te cuesta conducir por la noche o cuando las circunstancias meteorológicas son adversas… o tal vez hace mucho que se coge un vehículo y hay que volver a hacerlo. En cualquiera de los casos, existen soluciones accesibles para solucionar estos miedos puntuales.

Las personas con amaxofobia se caracterizan por presentar un cuadro complejo de síntomas relacionados con el miedo a conducir. Estas personas no solo tienen miedo en el momento que se van a enfrentar a la conducción, sino que la idea de pensar en coger un vehículo ya les aterra y temen todo aquello que esté relacionado con ir en coche o moto, y pueden llegar a sentirse así aunque sea como copiloto o acompañante. 

Síntomas cognitivos

Miedo intenso, pensamientos negativos y catastrofistas (sensación de que algo horrible va a suceder) y pensamientos obsesivos sobre la conducción (imágenes recurrentes sobre p.e. accidentes en la mente).

Síntomas conductuales

Evitación a la conducción o bloqueo durante la misma. 

Síntomas fisiológicos

Falta de aliento, respiración acelerada, tensión muscular, ritmo cardíaco irregular, náuseas, sequedad de boca, sudoración excesiva, temblores, dificultad para hablar…

Tratamiento de la amaxofobia

La amaxofobia, al igual que el resto de fobias y trastornos de ansiedad, pueden tratarse con psicoterapia. Las técnicas cognitivo-conductuales han demostrado una alta tasa de éxito:

1. Comprender el mecanismo de la ansiedad, y de los factores personales que hayan podido actuar como disparadores o mantenedores del problema.

2. Aprender a identificar, regular y modificar pensamientos anticipatorios y negativos automáticos. Las fobias suelen ir de la mano de determinados tipos de pensamientos como son la adivinación catastrófica (proyectar nuestro miedo en posibles, pero improbables, eventos futuros desagradables) o una excesiva generalización (relacionar y extender el temor a situaciones parecidas).

3. Conocer y aplicar técnicas de relajación; como son la respiración abdominal o la conciencia plena del presente (también conocida como Mindfulness), que nos ayudarán a experimentar las situaciones desde una perspectiva diferente.

4. Visualizar e imaginar las situaciones temidas, haciendo uso de las técnicas del punto anterior ya entrenadas. Muchas personas son capaces de saltarse este paso, lo cual es igualmente válido que decidir realizarlo.

5. Exponerse gradualmente a dichas situaciones, atendiendo al nivel de ansiedad y malestar que generan, y recordando que las sensaciones de ansiedad o pánico son una respuesta del organismo ante el estrés, que aunque resultan desagradables, no son peligrosas. El camino puede ser más o menos largo, pero cada vez que se supera un obstáculo aumenta la probabilidad de superar el siguiente.

6. Premiar los logros y aceptar los fallos como parte del aprendizaje.

Para llevar a cabo estos puntos, es importante comenzar a ser conscientes de nuestra responsabilidad y capacidad para hacernos cargo de nuestras emociones y pensamientos, y embarcarnos en un proceso personal de autoconocimiento y autosuperación, en el que no existen tiempos o ritmos establecidos, trabajando conjuntamente con un profesional que será a la vez acompañante y apoyo.

Fuentes

Badós, A. (2015). Fobias Específicas: naturaleza, evaluación y tratamiento. http://hdl.handle.net/2445/65619

American Psychiatric Association. (2013). Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM-5. Madrid: Editorial Médica Panamericana.

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